Algo de lo que nunca nadie va a saber


Esto salio de la clase que tuvimos el 7 de Febrero.

Pese a que el día no terminaba de morir, la Luna yacía quieta  en el cielo, con su doble fantasmal retozando sobre el mar. Llena y redonda, seducía con su luz a la marea, que iba, venia y arremetía con furia contra la playa, intentando encontrar un lugar lo suficientemente alto para la Luna coqueta poder alcanzar. El viento soplaba frio.

En el mar, junto al reflejo de la Luna, había un bote. Y en el bote un pescador.  En sus manos una caña de pescar cuyo anzuelo se encontraba  en el agua. Los peces se rehusaban a picar, no había habido suerte.

El bote se balanceaba a placer de las olas y en su interior el pescador se preguntaba cuanto tiempo más tendría que esperar antes de ver recompensada su paciencia. Recargó  la caña en el borde del bote, con el señuelo aun flotando en el mar y se recostó de espaldas. Vio un par de nubes delgadas transitar de prisa por el cielo, se froto las manos entumidas por el frio y dejo que la Luna se le colara a gotas por los ojos. Los parpados comenzaron a pesarle, llevaba toda la tarde pescando sin éxito. Fue cuando estuvo a punto de sucumbir al sueño que se incorporo y asomo la cabeza para mojarse la cara. El oscuro reflejo, turbio e impreciso, le devolvió una mirada ojerosa y somnolienta. Un largo y lento escalofrió le recorrió la espalda.

El reflejo sonrió desde una barba de tres días y regreso el rostro al bote, aunque tan solo por unos instantes, ante la mirada atónita del pescador. Cuando regreso traía consigo una botella de cristal. Aun con aquella sonrisa burlona, el reflejo estiro un brazo y una mano callosa y de uñas maltratadas, como la del pescador, emergió del mar sosteniéndola. Sin dar crédito a lo que veía, el pescador la tomo y la examino de cerca. En su interior había un papel. Retiró el corcho con los dientes y agito la botella para expulsar el mensaje.

Las palabras eran claras, de letras grandes y caligrafía familiar. En el papel se leía “Piensa rápido”.

De un tirón, con violencia, la caña se sumergió en el mar. El pescador se apresuro para alcanzarla, pero ahí ya no había caña. Ni reflejo. Con los ojos como platos, el pescador permaneció sentado un largo rato mas, meciéndose a merced de la marea. Y mientras tanto, las olas lamian con salada espuma la arena en la orilla.

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I'll forever roam
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Una respuesta a Algo de lo que nunca nadie va a saber

  1. Zina dijo:

    Alan esta padre! el final se podria trabajar mas para redondearlo no crees? el resto me encanto, parece un cuento corto pero sin final…aunque sea sugerente….besos, Zina

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