Loteria!


Clase del 18 de Febrero de 2013. Texto ya corregido y terminado. Sientanse libres de opinar (:

A empujones y regañadientes el borracho dejo la cantina. Había acudido para ahogar la pena que lo acongojo al enterarse de que su hijo mayor, su primogénito, era homosexual. Pero el alcohol había sido mucho y la paciencia del dueño del establecimiento, poca. El colmo fue haber manchado de vomito las botas nuevas de un importante político de la localidad, compadre del propietario del bar, que se encontraba de visita. Los dos matones que fungían como seguridad lo tomaron cada uno de un brazo y con violencia lo tiraron a la calle. El borracho se incorporo del suelo, se sacudió la tierra de la ropa, y tomo su ánfora de uno de los bolsillos internos del chaleco. Intoxicado por el alcohol, vago sin rumbo por las calles polvorientas y descuidadas de aquel pueblo que, a esas horas y salvo por unas cuantas prostitutas, estaban desiertas.

En un intento por abstener su estomago de volver a vomitar, tomo una bocanada de aire hasta que el pecho no pudo más. Contuvo la respiración y con los ojos cerrados dirigió la cabeza al cielo. Conto hasta tres. Luego volvió a contar y lo siguió haciendo mientras sentía como de a poco las arcadas desaparecían. Entonces soltó todo el aire de una vez y abrió los ojos. Se topo de frente con un cielo alto, tan alto que le provoco cierta sensación de vértigo. Y despejado. Tan despejado que todas sus estrellas se encontraban ahí. Y de entre todas, había una que destellaba con peculiar insistencia. El no sabía de que estrella se trataba o porque brillaba de esa manera pues del cielo y sus estrellas sabia lo mismo que del mar y sus misterios.

Siguió caminando, sin darse cuenta, intentado seguir la estrella con pasos torpes que lo condujeron a las afueras del poblado, a las faldas del Cerro del Venado. Anduvo por el terreno escabroso hasta que perdió de vista la estrella. De pronto, sin previo aviso, esta había dejado de brillar.

Tres tragos más y su ánfora quedo vacía. Se había alejado ya bastante de los límites del pueblo y no se sentía con las ganas o la voluntad para desandar sus pasos, así que tomo asiento junto a un nopal y murmuro un montón de maldiciones incomprensibles por lo bajo mientras traba de figurar como protegerse del frio.

-¡He, compañero! Llevas una estrella en la frente.- Escuchó de pronto.

El borracho había cerrado los ojos por unos instantes, tratando de calmar sus mareos. Es por eso que escuchar aquella voz tan de repente  lo sobresalto de forma casi exagerada. Frente a el había un sujeto de sombrero, bien vestido, pañuelo al cuello. De facciones comunes y corrientes y una guitarra de madera brillante con cuerdas de metal. El borracho intento ponerse de pie para entrar en guardia, pero sus reflejos, atolondrados por el alcohol, lo traicionaron y cayó de bruces contra el suelo, golpeándose con fuerza la cara entumecida.
-¡He, tranquilo! No pienso hacerte nada. – Dijo aquel extraño mientras tomaba asiento, con lentitud, frente de el. Coloco la guitarra entre sus piernas y las manos en el piso. Pese a la cantidad de alcohol en su organismo, el borracho sabía que de raro había mucho en el hecho de un músico vagabundo en el cerro por la madrugada.
-Se que tal vez te parezca extraño.- Dijo el músico. El borracho pensó que quizá había pensado en voz alta.- Pero hay una buena explicación. Llevo varias noches intentando cazar la estrella que tu encontraste, y que ahora llevas en la frente. Veraz, hay canciones que solo se encuentran al rebuscar en el cielo, y en la estrella de tu frente, compañero, están los Dos y los Res y los Mis que necesito para mi nueva composición.
El borracho no entendía una palabra de todo aquello, pero había algo en su manera de hablar que lo tranquilizaba y le hacía saber que no corría peligro. Así que con esfuerzo incorporo el torso y quedo de frente a su interlocutor, que, con fino oído, se encontraba afinando las cuerdas de su instrumento.

-Ahora, y pese a lo difícil que te pueda parecer, necesito que te quedes quieto. A juzgar por tu olor resulta evidente que has estado bebiendo y permaneces inmóvil debe ser una hazaña inlograble. Pero es importante que lo hagas. Tenemos una oportunidad, una sola, y una vez que empiece a tocar no puedo quitar los ojos de la estrella o escapara. Debo de leerla como si de una partitura se tratase, y una vez que inicie no podre detenerme sino hasta el final de la canción, ¿Queda claro?

El borracho, que apenas lograba seguir el hilo en sus palabras, asintió con la cabeza y por unos segundos el mundo completo se le revolvió. Al momento en que sintió algo tibio resbalar desde su mejilla hasta la barbilla, el músico repitió: “Recuerda, compañero, debes quedarte quieto” y puso sus manos en posición.
-Presta atención, que esto es a lo que suenan las estrellas.- Y comenzó a tocar.

Con dedos agiles y pesados rasgaba las cuerdas, y con los otros aterrizaba certero como águila en los trastes del brazo de la guitarra. El borracho sentía como la mirada brumosa del músico le perforaba la frente, sin parpadear. La canción sonaba a plata que recubría las cuerdas, y las notas eran tan nítidas que casi podía ver las corcheas y fusas flotar alrededor del nopal. La canción se tornaba rápida mientras el borracho sentía como aquello tibio empezaba a gotear desde su barbilla hasta lo árido del suelo. Y la melodía lo mismo sonaba a lamento que a clamor.
De pronto, envuelto en la canción, al borracho se le tornaron pesados los parpados. El sonido de la guitarra parecía llegar de un lugar lejano, y el cuerpo se le aflojo y se flaqueo hasta que finalmente cayó al piso, con la sangre aun escurriendo por su cara.

El músico, que se encontraba a punto de terminar la canción, observo callado y molesto como la estrella se elevaba hasta un cielo lejos de aquel, brillando burlona y altiva. Suspiro resignado y estirando los brazos y las piernas emprendió el galope en busca de su estrella, mientras le crecían los cuernos y los ojos de venado se tornaban amplios y negros, con el sonido de plata haciendo eco en su cabeza.

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I'll forever roam
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