El alacrán


Era ya muy noche, y la luna brillaba en su punto más alto en el cielo. Hacía mucho calor, y como no podía dormir, llevaba largo rato siguiéndola con la mirada desde mi ventana. Ahora estaba tan arriba, que apenas y alcanzaba a ver su resplandor así que decidí subir a la azotea, refrescarme un poco y dejarme iluminar de lleno por la luna.  Cogí una escalera de madera y sin pensarlo dos veces subí.

Me tumbé boca arriba para dejarme inundar de la luz de la luna y cerrando los ojos extendí los brazos  ante el hechizo de la caricia celeste. Entonces sentí una terrible punzada en la mano izquierda. Volteé apenas a tiempo para ver al criminal huir a toda velocidad: Era un enorme alacrán de esos que abundan ¡claro! en estas épocas de tanto calor. Traté de incorporarme pero no pude. La vista se me nubló de pronto y solo vi luz, mucha luz. Luego nada.

No sé cuánto tiempo pasó. Me despertó la música de un arpa. Abrí los ojos y vi a un ángel hermoso que me miraba y me sonreía ¿con qué? ¿Cariño? ¿Dulzura? ¿Lástima?

-¡Bien! ¡Al fin despiertas! – me dijo.

-¿cómo? ¿Morí? ¡¿Quién se muere por un alacrán?!

-No… bueno sí y no. Vives aún,  pero ya no serás tú. Serás el alacrán. En este momento él está inventariando tu vida y tomando posesión de tu cuerpo.  Esperó mucho tiempo por este momento ¿sabes? Pacientemente esperó junto a la maceta… ¡pensamos que había perdido la cabeza! Pero ¡vaya! Tenía razón.

-¡No estás hablando en serio! – Le dije. Pero inmediatamente me di cuenta que sí te lo dice un ángel entonces tiene que ser verdad y más vale, por tanto, no dudar. –Entonces un alacrán ¿eh?

-Desde hoy ya no eres tú, eres un alacrán- me dijo- a menos que decidas esperar  pacientemente junto a la maceta y entonces…

– No, no. Está bien, seré un alacrán…

-Bien, eso pensé. Desde hoy eres un alacrán. Un alacrán. Un alacrán. Un alacrán. Un alacrán. Un …

Lo siguiente que escuché fue el canto de un gallo a lo lejos en la fresca mañana y lo primero que vi fueron los colores rojo y verde de la maceta junto a la que descansaba mi mano izquierda, ahora sólo un poco entumecida.

Miré mi reloj, me desperecé y me levanté de un brinco para bajar corriendo por la escalera a retomar el hilo de mi vida en el mismo punto en el que lo había dejado anoche, antes de subir por ella, pero con la terrible y extraña sensación de que ya no era yo, sino un alacrán.

(¡¡Comentarios bienvenidos!!)lotería

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Acerca de paolarosado

Maestra de turismo y administración, aprendiz de la vida, cantante de regadera, filósofa de closet, cuentista wannabe, mamá, esposa, hija, hermana, amiga ¡y lo que se acumule!
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