Ira


Ejercicio del 4 de Marzo. Nuestro segundo pecado capital, la ira. Vengan las opiniones (:

Estoy sola frente a los espejos tratando de ensayar la coreografía. Mis largas piernas se estiran tratando torpemente de seguir la música. Las demás chicas se han ido ya y Raúl va a llegar por mí en cualquier momento, y mientras tanto sigo bailando para mantenerme distraída, aunque sin resultados. Me siento nerviosa. Las manos me sudan y las nauseas apenas me dejan moverme. No sé cómo voy a darle la noticia. Raúl siempre ha sido una persona fácilmente efervescente, de pocos estribos. No tolera que las cosas salgan de forma distinta a como el las ha pensado. Y esta situación, estoy segura, no figura entre sus planes.

La canción se termina y me quedo en silencio. Si cierro los ojos, puedo escuchar el sonido tenue del tráfico en la avenida. Me asomo por la ventana y mientras cazo pájaros con la mirada siento miedo. Un miedo justificado, bien argumentado, que es peor. Me llevo una mano al abdomen. Esta liso producto del ejercicio. Lo recorro con un dedo y pienso en cómo se verá dentro de los próximos meses. Me pregunto si mi piel brillara de la manera en que, dicen, ocurre en esta situación. Y por unos segundos, ligeros y transparentes, me olvido de Raúl.

De pronto escucho la puerta rechinar hasta quedar entre abierta. Lo veo entrando reflejado en los espejos del salón. Me doy la vuelta y quedamos de frente. Le dirijo una sonrisa tímida e intento no temblar.
– Hola amor, ¿Estas lista? ¿Nos vamos? -Me saluda desde donde se encuentra.
Intento contestarle pero la voz se me pierde en algún lugar entre los labios y la garganta. Miro al cielo al tiempo que me froto las manos en la ropa. De pronto no puedo dejar de temblar.
– ¿Qué ocurre? – Dice enseguida con tono serio.
Raúl me conoce bien. Casi también como lo conozco yo. Como conozco los contornos de su rígido y severo mentón. No puedo ocultarle nada. Y aun de ser posible no lo haría, no habría caso en postergarlo. Lo miro a los ojos y abro la boca. La mandíbula me tiembla al hablar.

-Anoche me entere de que estoy embarazada. –Solté sin más. Al terminar de pronunciar aquello, exhalo. Siento como si expulsara cada partícula de oxigeno en mi interior. Me quedo quieta. Lo observo con insistencia pero él no dice nada. Tan solo me devuelve la mirada como si aquella fuera la primera vez que me ve en la vida.
-Estoy embarazada. –Digo una vez más.
Lo veo fruncir los labios y apretar los puños. La piel de su cara y sus nudillos palidece. Sus facciones se endurecen e intimidan.
– ¿Cuándo pensabas decírmelo? –Me suelta después de un rato, en voz baja. Mas queda de lo usual, lo cual no era una buena señal.
Camina hasta quedar enfrente de uno de los espejos, dándome la espalda.
-Me he enterado apenas anoche, llevaba un retraso y decidí hacerme una prueba. No quería comentar nada hasta no estar segura. Eres el primero que lo sabe.

Apoyó la frente y ambos puños en el espejo. Desde donde me encuentro no alcanzo a percibirlo, pero seguramente hay un firme, tenue temblor recorriendo su cuerpo entero. Yo seguía tratando de secar el sudor de mis palmas con la playera.
-Pensé… que te estabas… cuidando. –Pronuncio con lentitud, como eligiendo cada palabra con cuidado.
Había un dejo de peligro en sus pausas. Lentamente doy un par de pasos hasta salvar la distancia entre ambos, hasta quedar detrás de el. Respiro hondo, reteniendo mis ganas de llorar, y pienso en lo que voy a decirle.
-No sé como ocurrió, y sé que no estaba en nuestros planes. –Digo mientras extiendo mi brazo y pongo una mano en su hombro. –Pero creo que podemos…

Siento su codo golpear mi cara con fuerza antes de poder terminar mi enunciado. Caigo al suelo e instintivamente me llevo una mano al rostro.
– ¡¿Crees que esto es gracioso?! ¡Acabas de arruinarme la vida! –Me grita iracundo. Al hacerlo, gotas de su saliva salpican mi rostro.
Raúl comenzó a romper cada uno de los espejos a golpes. Trocitos de cristal caen sobre mi cada vez que impulsa su brazo hacia atrás para golpear con fuerza. Un estruendo horrible rebota haciendo eco en las paredes del estudio. Es cuando no quedan más espejos que romper que se acerca a mi y atina un par de patadas en mi vientre. Y luego un par mas. Yo ya no se donde me encuentro. Luego, con los nudillos sangrantes y deshechos me da de lleno en el rostro. Mi nariz cruje.
-Vas a arreglártelas sola. –Lo escucho decir con calma poco antes de perder el conocimiento.
Alcanzo por igual a escuchar sus pasos alejándose, saliendo del salón, dejándome tendida entre sangre, vidrio, y las sobras de su ira.

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I'll forever roam
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2 respuestas a Ira

  1. paolarosado dijo:

    ¡¡Quiero golpear a Raul!!!! :O

  2. barsineando dijo:

    Como te lo comenté en clase: me gustó y mucho¡¡

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