La pereza y el destino


Inés toda su vida había sido una persona muy afanosa. Se preocupaba y se ocupaba de estar siempre a tiempo en todo, todo en orden, todo en forma. Pocas veces en la vida, se dejaba llevar por la pereza. 

Así que anoche, antes de dormir dejó listo su equipaje y puso la alarma de su reloj despertador. Tenía programado un viaje de trabajo y quería estar 2 horas antes en el aeropuerto, como debe de ser.

Pero esta mañana, al sonar la alarma, decidió dormir 15 minutos más… ¡qué más da! Tristemente se durmió casi hora y media y no pudo llegar a tiempo a la cita que el destino le había preparado con David, su alma gemela, quien se tuvo que pasar 2 horas sentado leyendo un libro aburrido en la sala de espera.

Si Inés hubiera llegado a tiempo, él habría cerrado el libro, le habría preguntado la hora y habrían charlado hasta subir al avión. Ahí hubieran cambiado lugares para estar juntos y jamás se volverían a separar.

Pero Inés no llegó y David conoció en el avión a Ivanna, una morena de belleza exótica, quien era excepcionalmente buena en la cama, cómo descubriría David más tarde ese mismo día. No la pasaban tan mal juntos, estaban medianamente a gusto, por lo que se hicieron compañía los siguientes 5 meses hasta de se dieron cuenta de que se aburrían mutuamente y al fin se separaron.

Ya el destino había intentado unir a Inés y a David en dos ocasiones anteriores. La primera vez, Inés tenía 15 años, y David era apenas algo mayor. Había ido David al juego de la final de copa infantil de futbol para ver jugar a su primito Miguel, delantero en el equipo rival del de Alejandro, el hermano menor de Inés.

Tenían una cita bajo la sombra de un gran árbol en una banca cerca de las gradas. Ahí David le daría a Inés su primer beso, pero ella no llegó. El futbol le daba pereza y es por eso que fue Toño y no David, quien le dio su primer beso 6 meses más tarde, marcando con un horrible recuerdo de lengua y babas aquella primera experiencia.

Siete años más tarde, el destino intentó reunirlos por segunda vez. Ahí estaba David, sentado al pie de la escalinata principal de la universidad en la que estudiaba Inés. David esperaba a su tío Ramiro, quien era maestro de historia del arte, y con quien se reuniría a tomar un café para platicar sobre un proyecto de diseño. Inés tendría que haber tropezado al subir las escaleras, cayendo junto a David con todo y libros. Pero ese día ella prefirió subir por el elevador, David tomó café e Inés se ahorró el raspón en la rodilla.

Esta mañana Inés por fin llegó corriendo al aeropuerto, apenas a tiempo para documentar su equipaje y entrar de prisa al avión. Pasó de largo junto a David, que estaba sentado en la fila 12 platicando desganado con su compañera de asiento, la animosa Ivanna.

Por un brevísimo instante David e Inés se miraron, y a pesar de ser almas gemelas y haber sentido “la chispa”, no se reconocieron. Por eso Inés al volver del viaje se regresó a vivir con Rubén, su ex novio, para reintentar salvar su tormentosa relación que duraría 3 años más.

Por esta ocasión el marcador del juego anunciaba 3 -0 a favor de la pereza. Pero el Destino es persistente…

¿lo volvería a intentar?

 

(¡¡Comentarios Bienvenidos!!)

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Acerca de paolarosado

Maestra de turismo y administración, aprendiz de la vida, cantante de regadera, filósofa de closet, cuentista wannabe, mamá, esposa, hija, hermana, amiga ¡y lo que se acumule!
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