La gula


– ¿Le sirvo un poco más de agua de Jamaica, padre?

– eh… si, si hijo, gracias…. Y también un poco más de ese pollito con mole, por favor, es un manjar.

– En seguida padre.

“¡ah, qué rica me sabe esta agua de Jamaica, con este calor que espantaría al mismo diablo! – pensaba el cura, mientras vaciaba de un sorbo otro vaso de Jamaica – Refresca el cuerpo y el alma… En verdad que no se come mejor en ningún otro lugar, que en estas fiestas de pueblo… ¡tantos sabores, tanto amor en un bocado!”

–          Aquí tiene padre.

–          Muchas gracias hijo.

“¡Perdóname Señor! – seguía pensando el viejo sacerdote mientras encajaba con fruición los dientes en aquel  muslo de pollo con mole – perdóname Señor, pero es que son tan pocos los placeres que podemos darnos nosotros, tus indignos servidores… Por supuesto que no es queja, mi dios, no… tú sabes con cuanto entusiasmo atiendo tus asuntos, como si fueran míos. Cada ovejita que logro encaminar a tu redil, cada criatura que bautizo y que engrosa las filas de tu iglesia, cada cabecita traviesa que se encuentra contigo en la santa comunión por primera vez, cada parejita que bajo mi bendición forma una nueva familia en tu seno, señor, ¡claro que son mi alegría y mi razón de ser!   Pero tú sabes mejor que yo cuantas veces no deseé recostar mi cabeza sobre el pecho de la mujer amada  y depositar en él todas mis penas y alegrías. Tú sabes cuantas veces anhelé ver mi rostro reflejado en los ojos de un niño, hecho de mi carne y de mi sangre, que me mire con la misma veneración con la que yo contemplo tu rostro en la oración.  Ahora que soy viejo ya mi único anhelo es que cuando al fin me llames a tu presencia encuentre las puertas del cielo abiertas para mí, y es por eso que cada día más le temo al pecado y a mi debilidad frente a la tentación…”

–          ¿Más molito, padre?

–          ¡Ay hija, está delicioso! Pero no, ya ha sido suficiente…

–          Ándele padre, anímese, mire que lo guisamos para usted, bien sabemos que es su comida favorita.

–          Bueno… siendo así…

–          ¡Aquí tiene padre!

“¡Ves a lo que me refiero señor! Bueno, ni hablar. He caído en la tentación y por eso desde mañana ayunaré un mes en penitencia…”

–          ¡Padre! –Lo saludó una alegre joven.

–          Hija, que gusto verte, has vuelto de la ciudad ¿estás de vacaciones?

–          No, padre, por fin he terminado mis estudios, vengo a poner mi clínica aquí en el pueblo  y mañana después de la misa de 12.00 me harán en casa una fiesta de bienvenida. Padre, no puede usted faltar ¡tengo tanto que agradecerle!

–          Por supuesto hija, ahí estaré…

“Ah como te decía Señor – siguió pensando el padre-  he caído en la tentación y por eso desde pasado mañana ayunaré un mes en penitencia…”

Paola R. (Comentarios Bienvenidos!!!!)

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Acerca de paolarosado

Maestra de turismo y administración, aprendiz de la vida, cantante de regadera, filósofa de closet, cuentista wannabe, mamá, esposa, hija, hermana, amiga ¡y lo que se acumule!
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2 respuestas a La gula

  1. Zina dijo:

    como siempre tus relatos son tan vividos ! me encanto, solo corrige ese mis en “depositar en el todas mis penas.”…muy padre (valga la rebundancia por lo de padre)

    • paolarosado dijo:

      Zina muchas gracias por la corrección!! ya está hecho el cambio!! 🙂 que bueno que te gustó! 🙂 sube el tuyo, soy tu fan!

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