Avaricia


¿Y que si le gustaba acumular cosas? Mucha gente lo hacía, por el puro placer de poseer. Él en cambio, atesoraba las cosas que acumulaba, las veneraba, les rendía culto, en cierta forma él también le pertenecía a esos objetos que amaba. Otros acumulaban dinero, joyas, acciones lucrativas, a veces incluso en perjuicio de otros. El no hacía daño a nadie, lo suyo no podía considerarse avaricia, era un acto de adoración, pensaba, acariciando con la mirada aquel profundo sótano en el que desde, ya no recordaba cuantos años, ocultaba sus tesoros.

Sus dedos se deslizaban suavemente recorriendo su colección: Enormes pilas de periódicos y revistas cuyas fechas tenían la particularidad de que sus dígitos sumaban siempre el número 7.  Cajas llenas de piedras de todos tamaños con formas peculiares de figuras caprichosas. Botellas de vidrio y latas con inscripciones y etiquetas todas distintas, en diversos idiomas. Zapatos de mujer, de tacón alto, sólo el pie izquierdo, todos ellos encontrados en la calle, preferentemente tras algún accidente, esos eran más valiosos. Modelos a escala de edificios famosos, erigidos y pintados con gran detalle años atrás, por el mismo. Colgantes tintineantes de todas las formas y materiales que producían dulces melodías cada vez que el cruzaba su cueva de los tesoros, para dirigirse al fondo de la misma, en su diario peregrinar hacia el sitio que constituía el altar de su santuario, la Meca de su devoción.  Extendida sobre una vieja cama de latón estaba ella, su máxima dueña, la sacerdotisa de su templo, su posesión más valiosa, su más caro tesoro.

El desataba entonces sus extremidades, para besar sus frágiles muñecas y tobillos, esos lugares en los que se cerraban los nudos con los cuales él la protegía del mundo.  Es cierto que antes, al principio ella se quejaba, lloraba y suplicaba que la dejara salir, deshaciéndose en promesas falsas de no escapar, de no abandonarlo jamás. Pero ella era demasiado valiosa, demasiado bella, demasiado pura, para exhibirla en este mundo tan lleno de maldad. Por eso, le decía él, tenía que protegerla.  Sin embargo, hacía ya tiempo que ella había dejado de quejarse. Se había vuelto más dócil, más amorosa, más cariñosa e incluso más ardorosa y apasionada cada vez que el la amaba y se entregaban a la pasión impetuosa de sus cuerpos febriles.  Entre gemidos y suspiros ella le suplicaba que la amarrara, que la protegiera, que no la dejara ir, que tenía miedo del mundo, y que quería ser solo suya.  Entonces él empezó a bajar a su guarida más veces durante el día, escapaba siempre que podía de su horrible trabajo en la oficina de correos, para pasar más tiempo juntos, abrazados, adorándose.

Un día llegó más temprano que de costumbre, y le contó con amargura que lo habían despedido de su trabajo. Ella le dijo que les habían hecho un favor, que ahora estarían juntos todo el tiempo, no habrían de separarse nunca más.

…..

La denuncia de una vecina, por el insoportable olor y la aparición de fauna nociva, había alertado a la policía que se abrió pasó aventando irrespetuosamente aquellos valiosos objetos que ellos llamaban “pila de basura”.

-¡Esto es una pocilga!- exclamó uno de los oficiales apenas conteniendo las nauseas.

-¡Miren, ahí está!- exclamó otro señalando el más escondido rincón de aquel cuchitril asqueroso.

Ahí estaba el desnudo cuerpo en descomposición de aquel hombre, abrazado a un irreconocible cadáver femenino, evidentemente mucho más antiguo que permanecía amarrado a la vieja cama de latón.

 

Paola Rosado.

(¡Comentarios bienvenidos!)

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Acerca de paolarosado

Maestra de turismo y administración, aprendiz de la vida, cantante de regadera, filósofa de closet, cuentista wannabe, mamá, esposa, hija, hermana, amiga ¡y lo que se acumule!
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3 respuestas a Avaricia

  1. E. Calder dijo:

    Me gustó el relato. Sin ser mi visión de la avaricia, es un relato muy interesante.

    Felicidades.

  2. gutyehuanc dijo:

    Otro auch…! Personajes muy intensos!. felicidades!

  3. maxb2013 dijo:

    Me gusto mucho! esta muy bien llevado!, aunque tampoco es mi visión de la avaricia

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