El árbol


-¡PÉGAME MALDICIÓN! – gritaba ella eufórica con el pecho henchido de placer y la sonrisa desafiante asomando descaradamente en su desvelado rostro.

Por toda respuesta él bajó la mano que un momento antes sostenía con violencia cerca de su insolente mejilla, aún enrojecida por el vino y quién sabe cuántas cosas más.

-¡pégame, grítame, haz algo! O mejor, no hagas nada como siempre. ¡Así me confirmarás una vez más que no te importo, que nada te importa, que no eres un hombre, que eres un árbol!

-Sabes que no te pegaría, Ana… – Murmuró él hundiéndose de nuevo en ese mismo sofá en el que la esperó toda la noche. Pronto amanecería. – y baja la voz,  que alertarás a los vecinos

-Deja de escudarte en el “qué dirán”  y demuéstrame que algo de sangre te queda en las venas –Le dijo ella en voz baja acercándole sus labios al oído, queriendo lastimarlo con su aroma a mujer plena, con su cabello recién lavado, con su voz desafiante.

-No me gusta dar espectáculos, lo sabes- le respondió él, clavando la mirada en sus zapatos rojos de altísimo tacón. Nada sospechó cuando ella empezó a usar los zapatos cada vez más altos, el perfume más exótico, los vestidos más llamativos y el cabello más arreglado. Ella había estado más feliz últimamente, más pensativa, más alegre. Hasta se le oía cantar de vez en cuando. Nunca se preguntó la causa. Si no se había interesado en la causa de su anterior desdicha, no había razón para investigar la de su repentina felicidad.  La verdad es que ni lo había notado.  Esas eran banalidades.  Su amor era más profundo… tan profundo que no necesitaba demostrarse. Tan profundo que no se fijaba en esos asuntos superficiales.  Tan profundo que…

-A nadie le interesa nuestro “espectáculo”, Rodrigo. Además tú y yo tenemos este asunto pendiente. Te engaño desde hace tiempo. Aunque pensándolo bien,  la realidad es que no te engaño, ¡Te lo he estado gritando con todos los poros de mi piel! Y ahora te lo digo de frente, porque mi placer es tan grande que no tengo ganas de seguirlo callando.  ¿Qué no te das cuenta? ¿No me dices nada?

–  Ya no me amas…

– ¿Me amas tú a mí, acaso?

– ¿Por qué me lo preguntas? ¡Sabes que si!

– No Rodrigo, no lo sé… nunca me lo dices, nunca me lo demuestras, nunca…

-Podemos arreglarlo, yo podría tratar de perdonarte si tu…

– Si yo estuviera arrepentida, pero no lo estoy. Estoy enamorada y me voy  con él. Contestó ella secamente, y caminó a la recamara para poner algunas cosas en una maleta.

-Más tarde vengo por lo demás – Le anunció minutos después,  arrastrando su maleta  a la sala.

El la esperaba junto a la puerta.

-Tú no te vas. Primero te mato, Ana. –Le dijo el apuntándole con una pistola.

¿De dónde había salido esa pistola? Se preguntaba ella. Lo miró al principio atemorizada. Una pistola. Rodrigo sosteniendo una pistola. Era algo que simplemente no hubiera imaginado jamás.   Luego sonrió y camino despacio hacia él, sin dejar de mirarlo a los ojos.

-¡Por  Dios Rodrigo! Buen momento elijes para reaccionar. –se burló Ana. – Por supuesto que no lo harás y lo sabes. Te conozco lo suficiente para saber que no serás capaz.

Cruzó frente a él arrastrando su equipaje y salió del departamento para atravesar el vestíbulo rumbo al elevador. Entonces se oyó la detonación. Ana volteó sorprendida por el sonido y un súbito calor la hizo llevarse las manos al vientre. Cayó al piso mirando a Rodrigo que aún apuntaba hacia ella con esa pistola. ¿De dónde había salido esa pistola?

Rodrigo miró horrorizado cómo el pasillo se llenaba  con las miradas de los vecinos atemorizados que se asomaban por las rendijas de sus puertas. Entonces cayó también él de rodillas al piso, sosteniendo aún la pistola en la mano derecha. “¡Maldición, Ana!” Pensó “Sabes bien cuánto odio dar espectáculos”.

Paola Rosado

(se me ocurrió anoche -o fue más bien hoy en la madrugada- después de estar leyendo a Ángeles Mastreta…. comentarios bienvenidos!!!)

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Acerca de paolarosado

Maestra de turismo y administración, aprendiz de la vida, cantante de regadera, filósofa de closet, cuentista wannabe, mamá, esposa, hija, hermana, amiga ¡y lo que se acumule!
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