Las verdaderas historias de amor no tienen final feliz


“¡Tú y tus historias de amor imposible!” Me dices sonriendo, cuando termino de leerte mi más reciente escrito.  “¡Es cierto!” Te digo. Y de pronto caigo en la cuenta de que aparentemente tengo una fijación con ese tema. Y  luego te vas muy alegre a continuar con lo tuyo dejándome un reto y una interrogante ¿Por qué no escribir una historia de amor? Y de forma automática me respondo a mí misma que es porque las historias de amor no tienen “chiste”. Sin conflicto no hay historia. Pienso.  ¿Es eso? ¿O será acaso que como un millonario avaricioso, oculto mis tesoros para que nadie aspire a robarlos?  De cualquier forma decido aceptar tu reto, así que hoy te contaré una historia de amor.

Esta historia es la de una joven y linda chica, alegre y parlanchina que por causalidad conoció a un joven y apuesto chico, callado y reservado.  Y aunque vivían a más de 1000 kilómetros de distancia sus sueños y sus anhelos se encontraron en un espacio virtual, invisible pero real, como real fue también  el sentimiento que nació de esos encuentros nocturnos en los que la palabra escrita era el medio a través del cual  sus ideas y proyectos se transportaban, se unían y se entrelazaban.  Sólo en la noche encontraban la paz, leyéndose el uno al otro.  De día, en la cotidianidad, ya no pudieron hallar la tranquilidad hasta ese día en el que al fin sus manos se encontraron para no soltarse más.

Se vieron y se reconocieron, como si hubieran estado juntos toda la vida, esta vida,  todas las pasadas y todas las futuras que tenían por vivir.  Él le dijo que le tenía dos regalos sorpresa y sonriendo le preguntó cual quería  que le diera primero. Ella, juguetona le dijo que quería primero el segundo.  “Cierra los ojos” Le pidió él. Ella los cerró y llegó por fin el beso que la levantó del suelo y la hizo girar sobre su propio eje mil vueltas en 3 segundos. El regalo número dos fue una estrella que él le colgó del cuello, con la promesa implícita de no dejarla jamás.

“¿y si te hubiera pedido primero el regalo número uno?” Le preguntó ella el día de la boda, varios años después. “De todos modos te hubiera besado primero”  Le dijo él besando su frente. “¡Tramposo!”  Contestó ella con un gesto de fingido enojo.

…..

Sonreíste al reconocer la historia. “¿Y cómo termina? “ Me preguntaste cuando acabé de leértela. “Esa es la cosa”  te dije yo  “la historia aún no termina. El problema es que yo creo que las verdaderas historias de amor no tienen final feliz,  porque simplemente no tienen final”.  Sonreíste otra vez, me besaste en la frente y te fuiste de nuevo  muy alegre a continuar con lo tuyo.

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Acerca de paolarosado

Maestra de turismo y administración, aprendiz de la vida, cantante de regadera, filósofa de closet, cuentista wannabe, mamá, esposa, hija, hermana, amiga ¡y lo que se acumule!
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